2013年8月4日日曜日

2013 スペイン、その10 、El Juli y Manzanares libran un mano a mano descafeinado en la segunda de la Feria de las Colombinas con final feliz para el de Alicante

昨日の El Juli 対 José María Manzanares の mano a mano についてです。





Manzanares y El Juli abandonan a hombros el coso de La Merced












Huelva. Segunda de la Feria de las Colombinas. Se lidiaron toros de Núñez del Cuvillo, el 3º como sobrero, desiguales de presencia, sueltos de carnes y de juego escaso salvo el 1º, muy noble; y el 6º, con transmisión y recorrido. Más de tres cuartos de entrada.
El Juli, de negro y plata, pinchazo, estocada (oreja); estocada trasera (ovación tras petición); estocada trasera (oreja).
José María Manzanares, de espuma de mar y azabache, media tendida recibiendo (ovación); estocada (oreja); pinchazo, estocada recibiendo (dos orejas).
Entre las cuadrillas, saludó Raúl Corralejo por su actuación en el quinto. 



Es increíble la fuerza que tiene los hombres que los toreros tienen repartidos por el campo. Sí, sí, esos que llaman veedores de las figuras. Los que llegan al campo y desmontan cualquier corrida que haya elegido un ganadero, un empresario o cualquiera de los que paga por comerciar con el ganado. Y si no tienen capacidad para desmontarla, adiós y muy buenas a las primeras de cambio, que mi torero ya no le lidia más un pitón, ni se anuncia más en su plaza, señor empresario. Y como tengo fuerza, impongo; y como me importa un pimiento una plaza por la que vengo una vez al año, pues también. Y como, además, me sacan a a hombros hasta el coche de cuadrillas, pá que vamos a cambiar esto. Es jodida la cosa.

De cualquier forma, mucho le habrán tenido que desmontar al ganadero del Grullo, porque, aparte de esos tres bichejos impresentables, el resto ha sido un despropósito total de corrida pareja. Después queda quien los certificó como válidos para lidiarse en una plaza, que también tiene la correspondiente responsabilidad, mas en esa primera parte me paro porque no quiero seguir ahondando en lo que fue sinrazón cuando tantas razones buenas nos dio El Juli en el aceptable primero. Emocionar toreando la bravura de un toro parado y sin aire debe tener un mérito que contar. Y lo quiero contar desde la increíble verdad que tuvo el toreo del madrileño. No podía con los huesos el del Cuvillo, pero la bravura le empujaba a recuperarse en los tiempos largos que le ofreció el torero confiado que la faena iba a ir surgiendo del fondo de clase que tenia el animal. Desde la nobleza construyó El Juli una faena perfecta por los dos pitones. Primero, series más cortas, un poquito más largas, después, y con un plus añadido, con la muleta arrastrando por el albero y el morro del animal siguiendola hasta el final. Más despacio y con tanto temple no se va a ver torear en esta plaza durante mucho tiempo. El torero se dio el lujo innecesario de finalizar la faena metido entre los pitones después de un rendido recordatorio a aquel sitio que nunca desocupaba el Ojeda de los mejores tiempos.

El pinchazo, bien señalado en lo alto, precedió a la rubrica de una rotunda estocada que tiró sin puntilla. Primera oreja de la tarde y promesas de felicidad.

La jodió entera la presencia del torito que saltó a la arena. Ahí empezó la protesta de parte del tendido. Digo de parte del tendido porque el resto, más numeroso, entiendo que fue el que pidió las orejas para que El Juli y Manzanares salieran a hombros.

No estuvo mal Manzanares con ese toro. Tampoco le dieron mucha importancia desde el tendido, pero repito, no estuvo mal, aunque el toro se rajó, refugiado en tablas, donde Manzanares intentó matarlo recibiendo hasta en cuatro ocasiones. A la cuarta la espada quedó demasiado tendida y el tendido sacó a saludar al alicantino.

Vergüenza debió sentir El Juli cuando a él le soltaron otro obús del mismo calibre. El respetable que ya calculaba la presencia del toro por los kilos de la tablilla, pitada al canto y el madrileño calculó que mejor era sobrero de 535 que toro protestado y en una de ellas vio de cerca cómo el titular rodaba por la arena después de un capotazo. Como el presidente llevaba ya un ratito asesorándose, pues cuando llegó el momento culminante, despachó rápido el pañuelo verde, con lo cual Cuvillo vendió a buen precio un toro, el sobrerón que dentro de dos meses cumpliría los seis años. Aquí tuvo una tregua el de la tablilla. Silencio. Después el toro no terminó de servir. El Juli se tiró rodilla en tierra como pidiendo perdón pero no, fue para una larga cambiada y mostrar que la cosa iba de ganas. A fe que las tuvo porque el toro no fue nada del otro mundo, pero El Juli estuvo bravo con él y le sacó una faena de bastante mérito y aguante para lo que ofreció un toro sin clase y con genio. Estocada arriba y entera que, aunque bastó por sí sola, no le sirvió para conquistar trofeo porque le toro se amorcilló demasiado tiempo. El usía, que también tenía hoy el pañuelo en su poder, desatendió las públicas muestras de petición y le hizo perder el global de la eliminatoria a El Juli, dejando que las mulas arrastraran al de Cuvillo con sus dos orejas puestas.

Con el quinto, El Juli se intentó adaptar a una embestida incomoda en el calamocheo del bicho. Le agobiaba la mansedumbre por estar más allá de la raya del tercio, pero El Juli se empleó con afán y el buen oficio con el que ejerce el momento actual de su carrera y con un estoconazo de ley tumbó al quinto y se llevó otra oreja.

LLevo media hora mirando la pagina que me queda en blanco. Me la han fastidiao los dos impresentables bichos de una corrida chica y fea que nos ha colao en el lote el señor Cuvillo, por imperativo de no se quién. ¡No hacia falta, hombre! Con que hubiese escogido una corrida pareja con el recortadito primero, hubiera optado a casi todos los premios de la feria, a uno no le habría hecho dudar de la razón de ser exigente y, además, no me hubiese tenido que explayar contra los veedores ni contra nada. Y encima le hubiese contado con más agrado y emoción lo del toro que cerró plaza y las dos orejas que cortó Manzanares por una faena inteligente y firme a un manso encastado que huyó de los caballos como alma que lleva el diablo.

Pero entonces, la firmeza, la clase y el oficio de Manzanares sacaron a flote la utilidad con la que los mansos encastaos suelen brindarse para irse a comer la muleta como los auténticos bravos. Emocionante y bello el conjunto. Inteligente el torero para apretar y soltar cuerda.

Vibrante el toro, entregado el tendido, el toreo llegando con emoción y un toro que repetía y repetía el viaje con importancia, tanta que la plaza se hizo clamor cuando Manzanares le llegó con la espada hasta el final y el toro dobló, por ser coherente, en la misma puerta de toriles .

Dos orejas al esportón y salida compartida con el compañero de fatigas por la Puerta Grande.


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